Según leí en wikipedia la palabra Cristo proviene del latín christus, éste del griego jristós, ‘χριστoς’, y que la palabra hebrea mashíaj (mesías) contrario a lo que se cree no significa salvador, más bien es un elegido que posee virtudes morales e intelectuales que se aprecian para fungir como Sumo Sacerdote o Rey. En fin, más allá de aclarar una curiosidad recurrente que arrastré desde mi infancia, averiguar aquello carecía de importancia para mí. Esa mañana antes de cubrir la pauta tuve que documentarme con ciertas terminologías católicas porque iba a entrevistar a varios miembros de grupo religioso que paseaban de ciudad en ciudad llevando uno de los tantos retratos que lloran sangre, se hacían llamar carismáticos y se decía que tenían facultades curativas.
Ya alguna vez me tocó desmentir los poderes de sanación de algún retrató mágico, o de una virgen que apareció en la funda de una almohada después que una mujer durmiera probando un nuevo hidratante capilar, lamentablemente antes que llegaran los expertos del Vaticano aquel trozo de tela no pudo soportar las pruebas científicas que le hicieron en la tintorería. Una vez más salí con mis insumos de trabajos habituales, es decir la cámara y el grabador dispuesto a olfatear alguna mentira, incluso investigué sobre una extraña clase de bacteria gastrointestinal llamada Serratia marcescens, la cual produce una extraña pigmentación roja muy parecida a la sangre cuando tiene contacto con el medio ambiente, y se ha comprobado que éste microorganismo puede alojarse en las palomas que suelen defecar en estatuas y paredes, por lo tanto cuando la bacteria tiene contacto con una pared, humedad, calor, etc, segrega la pigmentación roja que se filtra hasta los cuadros creando la ilusión de las lágrimas celestiales.
Con todos aquellos argumentos preparados llegué a la iglesia con el sol de mediodía punzando la piel de mi cuello, para mi sorpresa la “Casa de Dios” estaba cerrada para sus hijos, intenté mirar hacia dentro a través de los vitrales abrillantados por la luz, la capilla estaba más muerta que un panteón. A los lejos escuché el eco de varios susurros indescifrables, parecían lamentos lejanos que se camuflaban con el polvo del mediodía, los seguí hasta toparme con una pequeña entrada de madera donde las oraciones de la gente se escuchaban con más claridad, antes de que mis nudillos tocaran la puerta una voz nasal me llamo a mis espaldas, ¡Usted es Daniel Rojas! ¡Llega tarde!, era un hombre de que sufría los estragos de la calvicie y tenía un bigote canoso que se le chorreaba casi hasta la barbilla. Ya estábamos por irnos, me dijo sin que le confirmara quien era.
Adentro estaba el padre rodeado de una pequeña muchedumbre de personas orando, todos sostenían un copo de algodón virgen entre sus manos y tenían cara de sufridos, entré en silencio y bajé la cabeza para ocultar la gracia que me ocasionaba la escena, el hombre puso su mano en mi hombro y me dijo que lo siguiera a través de un pequeño pasillo impregnado de un intenso aroma a jazmín.
Allí había un grupo más pequeño de gente orando frente a un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús que manaba sangre por la frente y los ojos, en el pecho del retrato se formaba un cúmulo de aceite que goteaba casi imperceptiblemente hasta la base del marco donde se acumulaba y era recogido en algodones por sus cuidadores, de inmediato supe de donde provenía el olor a flores. A primera impresión admití que era bastante impresionante, y decidí caminar a su alrededor antes de tomar la primera fotografía, ¡Está llorando por Haití!… ¡No, yo creo que está llorando por la pobreza en el mundo!, comentaron dos ancianas mientras inspeccionaba el cuadro, a mi lado había una joven de unos veinte años de edad con los surcos de lágrimas que se escurría hasta su papada.
Pregunté por los propietarios del retrato y se me acercó una mujer mayor de contextura frágil y facciones alargadas, comenzamos a hablar y me contó una vieja historia de cómo el cuadro amaneció un día lleno de sangre, y que nunca sale igual en todas las fotos, que en algunas Cristo parece un adolescente casi ingenuo y en otras un hombre maduro castigado por los golpes de la vida, incluso que hay personas que toman fotos y no aparece nada, ¡Deben tener a mandinga encima! Pensé y sonreí disimuladamente.
¡Parece erguido por favor! Me dice la mujer, luego tomó un trozo del mismo algodón que todo el mundo sostenía en sus manos y me ungió con él tal como hacían los judíos con sus sacerdotes y reyes. Me explicó que yo sería el protagonista de un milagro y con una sonrisa amable dijo que esperaba haberme sido útil en lo que yo necesitaba para mi trabajo. En realidad lo que hizo fue distraerme con los cuentos del cuadro y evitó explicar los supuestos poderes curativos que tienen algunos miembros del grupo carismático.
Al cabo de unos minutos, salí por la puerta principal de la iglesia con mis expectativas cubiertas a la mitad, puesto que no tuve el suficiente tiempo para tratar de desenmascarar el fraude del cuadro, no quise hacerlo delante de la gente por una cuestión de decencia. Caminaba por la calles pensando como comenzaría el reportaje cuando fui ensordecido por el sonido apabullante de una corneta, mi cámara cayó en medio del asfalto y luego vi al camión desbocado estrellarse contra un aviso publicitario.
El chófer se bajo trasteando con las manos en la cabeza, alterado preguntó si todo estábamos bien, se me acercó parar comprobar que no me pasó nada, yo estaba intacto, en cambio los restos de mi cámara quedaron esparcidos por el asfalto, el hombre parecía tan apenado como asustado, y me explicó que no tenía frenos, y de no ser por que crucé la calle en ese momento no se habría podido chocar con el aviso publicitario que estaba junto a la pequeña guardería.
Según leí en wikipedia la palabra Cristo proviene del latín christus, y éste del griego jristós, ‘χριστoς’, y que la palabra hebrea mashíaj (mesías) contrario a lo que se cree no significa salvador, más bien es un elegido que posee virtudes morales e intelectuales que se aprecian para fungir como Sumo Sacerdote o Rey. En fin, más allá de aclarar una curiosidad recurrente que arrastré desde mi infancia, averiguar aquello carecía de importancia para mí. Esa mañana antes de cubrir la pauta tuve que documentarme con ciertas terminologías católicas porque iba a entrevistar a varios miembros de grupo religioso que paseaban de ciudad en ciudad llevando uno de los tantos retratos que lloran sangre, se hacían llamar carismáticos y se decía que tenían facultades curativas.
Ya alguna vez me tocó desmentir los poderes de sanación de algún retrató mágico, o de una virgen que apareció en la funda de una almohada después que una mujer durmiera probando un nuevo hidratante capilar, lamentablemente antes que llegaran los expertos del Vaticano aquel trozo de tela no pudo soportar las pruebas científicas que le hicieron en la tintorería. Una vez más salí con mis insumos de trabajos habituales, es decir la cámara y el grabador dispuesto a olfatear alguna mentira, incluso investigué sobre una extraña clase de bacteria gastrointestinal llamada Serratia marcescens, la cual produce una extraña pigmentación roja muy parecida a la sangre cuando tiene contacto con el medio ambiente, y se ha comprobado que éste microorganismo puede alojarse en las palomas que suelen defecar en estatuas y paredes, por lo tanto cuando la bacteria tiene contacto con una pared, humedad, calor, etc, segrega la pigmentación roja que se filtra hasta los cuadros creando la ilusión de las lágrimas celestiales.
Con todos aquellos argumentos preparados llegué a la iglesia con el sol de mediodía punzando la piel de mi cuello, para mi sorpresa la “Casa de Dios” estaba cerrada para sus hijos, intenté mirar hacia dentro a través de los vitrales abrillantados por la luz, la capilla estaba más muerta que un panteón. A los lejos escuché el eco de varios susurros indescifrables, parecían lamentos lejanos que se camuflaban con el polvo del mediodía, los seguí hasta toparme con una pequeña entrada de madera donde las oraciones de la gente se escuchaban con más claridad, antes de que mis nudillos tocaran la puerta una voz nasal me llamo a mis espaldas, ¡Usted es Daniel Rojas! ¡Llega tarde!, era un hombre de que sufría los estragos de la calvicie y tenía un bigote canoso que se le chorreaba casi hasta la barbilla. Ya estábamos por irnos, me dijo sin que le confirmara quien era.
Adentro estaba el padre rodeado de una pequeña muchedumbre de personas orando, todos sostenían un copo de algodón virgen entre sus manos y tenían cara de sufridos, entré en silencio y bajé la cabeza para ocultar la gracia que me ocasionaba la escena, el hombre puso su mano en mi hombro y me dijo que lo siguiera a través de un pequeño pasillo impregnado de un intenso aroma a jazmín.
Allí había un grupo más pequeño de gente orando frente a un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús que manaba sangre por la frente y los ojos, en el pecho del retrato se formaba un cúmulo de aceite que goteaba casi imperceptiblemente hasta la base del marco donde se acumulaba y era recogido en algodones por sus cuidadores, de inmediato supe de donde provenía el olor a flores. A primera impresión admití que era bastante impresionante, y decidí caminar a su alrededor antes de tomar la primera fotografía, ¡Está llorando por Haití!… ¡No, yo creo que está llorando por la pobreza en el mundo!, comentaron dos ancianas mientras inspeccionaba el cuadro, a mi lado había una joven de unos veinte años de edad con los surcos de lágrimas que se escurría hasta su papada.
Pregunté por los propietarios del retrato y se me acercó una mujer mayor de contextura frágil y facciones alargadas, comenzamos a hablar y me contó una vieja historia de cómo el cuadro amaneció un día lleno de sangre, y que nunca sale igual en todas las fotos, que en algunas Cristo parece un adolescente casi ingenuo y en otras un hombre maduro castigado por los golpes de la vida, incluso que hay personas que toman fotos y no aparece nada, ¡Deben tener a mandinga encima! Pensé y sonreí disimuladamente.
¡Parece erguido por favor! Me dice la mujer, luego tomó un trozo del mismo algodón que todo el mundo sostenía en sus manos y me ungió con él tal como hacían los judíos con sus sacerdotes y reyes. Me explicó que yo sería el protagonista de un milagro y con una sonrisa amable dijo que esperaba haberme sido útil en lo que yo necesitaba para mi trabajo. En realidad lo que hizo fue distraerme con los cuentos del cuadro y evitó explicar los supuestos poderes curativos que tienen algunos miembros del grupo carismático.
Al cabo de unos minutos, salí por la puerta principal de la iglesia con mis expectativas cubiertas a la mitad, puesto que no tuve el suficiente tiempo para tratar de desenmascarar el fraude del cuadro, no quise hacerlo delante de la gente por una cuestión de decencia. Caminaba por la calles pensando como comenzaría el reportaje cuando fui ensordecido por el sonido apabullante de una corneta, mi cámara cayó en medio del asfalto y luego vi al camión desbocado estrellarse contra un aviso publicitario.
El chófer se bajo trasteando con las manos en la cabeza, alterado preguntó si todo estábamos bien, se me acercó parar comprobar que no me pasó nada, yo estaba intacto, en cambio los restos de mi cámara quedaron esparcidos por el asfalto, el hombre parecía tan apenado como asustado, y me explicó que no tenía frenos, y de no ser por que crucé la calle en ese momento no se habría podido chocar con el aviso publicitario que estaba junto a la pequeña guardería.



Buenos días, estoy interesado en hacerle llegar un correo pero no corresponde especialmente a algunas de la obras alli referenciadas. Mi nombre es Carlos Leal soy artista plástico y además cultivo semeruco en el Manzano Edo. Lara. Teléfono 0416-8505088, 0416-4503225
Buen relato, buena narrativa! Subjetivo y sugerente.
Excelente hhahaha soy tocayo del protagonista .Enseña y entretiene, el final tiene un juego de casualidades o s idea mia?
Me encanto el texto, esta muy bueno y a pesar de que lo vivi y senti cada linea al describirlo tan perfecto a pesar de las dudas q te pasan en ese momento por la cabeza tu no dejas de maravillarte con las grandes cosas de Dios me fascino y seguire esperando a otra historia.
No me canso de leer este cuento!! Una vez más me transportas y me haces vivir cada palabra, cada instante.. Siento que puedo oler ese aroma a jazmín y visualizar cada escena como si estuviera ahí..
Soy muy firme en mi creencia católica, pero suelo ser un poco escéptica con este tipo de manifestaciones, debido a que existe gente que se inventa situaciones donde no las hay, pero esta historia me atrapó… Ésto lo sentí, ésto lo viví… Excelente narrativa!!!
Jajajaja perdoname…. No puedo evitar reirme a carcajadas con un par de frases que leí… Siempre me ha gustado leer algo que me haga sonreir asi sea en medio de lágrimas… Posiblemente en ungido y yo tenemos cierta incredulidad por la religión, pero siempre hay que creer en algo o en alguien, asi como Dios posiblemente es el amigo imaginario de todos nosotros… Siempre creeremos en el aire, en los actos, en una obra de arte, en un artista o en letras. Sigue trabajando tan bien como lo haces, que apuesto que al igual que yo… Muchos esperan un buen cuento de el Semeruco.
Qué tal Fer?, pues sí como ya comentaste este cuento tiene tantos elementos que daría para mucho, incluso para un relato más largo, particularmente me gusta porque tiene varios frentes abiertos (Los cuales ya tu notaste, Devoción y Ciencia), reyeléndolo y reyeléndolo veo que puede ser interpretado de muchas maneras, el juego de las casualidades versus los verdaderos milagros, las explicaciones sobrenaturales que se le pueden dar a algo totalmente natural, el escepticismo de la gente como se evidencia en el personaje principal…. Digamos que esas tuercas las apretan los lectores, Dime tú. Cambiarías tu fe si te sucediera ago así?
Buena historia Amilcar, ¡Gracias!, Se nota que te documentaste, me parece muy bien descrito ese mundillo de devoción desesperada alrededor de cualquier hecho que nos ate a lo sobrenatural.
Pero me habría gustado que, solo por esta vez, hubieras apretado más las tuercas en torno al hecho sorprendente y a las interpretaciones que podrían darle los fanáticos, los que pasaban por allí y el propio protagonista. ¿mantendrá la racionalidad plana? ¿Dejará derrumbarse su cientifismo ante la difícil coincidencia? ¿Lo usarán a su pesar los adeptos para ratificar sus milagros?
sublime y profundo, me atrapó desde la primera línea
Tremendo texto se ve que investigaste antes de escribir
sigues teniendo “carisma” al escribir, además como bonus track aprendí 3 cosaS que desconocia completamente. P.D: chofer de camión NO es gente.
EXCELENTE!! es increible como logras acrecentar la tension, la curiosidad Y el miedo quiza en cada palabra leida, la posibilidad latente de abrir demasiado los ojos y aclarar mas de lo que uno acostumbra a ver, respeta por cultura y libertad de expresion hacen la historia muy muy interesante, considero encontraste mas de lo buscabas, sin embargo creo no se deben descartar las hipotesis relatadas a lo largo de la historia, a ello debes sumarle el resultado aun cuando no cubriste tus expectativas, imaginate el desenlace de haberlas cubierto todas???
te sigo!! GRACIAS.. Semeruco es mi spa!! lo sabes..
Exitos y miles de exitos… UN ABRAZO…
NO DEBEMOS CREER EN LA PRIMERAS APARIENCIAS DE VIRGEN O DE LA CARA DE JESUS LLORANDO O SIMPLEMENTE ALGUNA SEMENJA DE EL QUE APARECEN EN EL MUNDO YA QUE PODEMOS SER VICTIMAS DE UN ENGAÑO O FRAUDE de GENTE SIN ESCRUPULO. DE IGUAL MANERA CON RESPECTO A LOS ULTIMOS ACONTECIMIENTOS QUE ESTAN SUCEDIENDO EN EL MUNDO PODEMOS DECIR QUE NO ES OTRA COSA QUE LAS SECUELAS DE LAS DESTRUCCIONES DEL HOMBRE.
Kristos no es lo mismo que Mashiaj… A veces la wikipedia nos deja a la mitad del conocimiento. Mashiaj es un ungido, no como salvador, sino más bien como escogido, electo, en consenso unánime; por poseer ciertas cualidades morales e intelectuales que se aprecian par fungir como Sumo Sacerdote y Rey. Los profetas no eran siempre ungidos. Sólo Samuel lo fue.