escrito por: Amilcar | 1 Mar 2010

Después del terremoto, mi primera impresión de Puerto Príncipe era la de una tierra condenada al olvido. Los olores penetrantes a orina con estiércol rociaban el ambiente desde las costas pintadas con un mar turquesa, hasta las montañas color ceniza donde reinaba la imponencia de un paisaje estéril y decadente. Prendí un cigarro para disimular que aquellos olores estaban comenzando a marearme, y le dije al conductor que pusiera en marcha el vehículo. El paupérrimo estado de la vía apenas nos permitió recorrer un tramo mísero a través de caminos zigzagueantes a medio asfaltar.

Las personas que caminaban por ambos bordes de la carretera parecían albergar la misma desolación que vivieron sus ancestros durante la esclavitud, iban con las cabezas bajas y sus miradas marchitas rebotaban en el suelo. Era inevitable que sintiera lástima como cualquier otra persona lo haría, por un momento quise volver a la comodidad de mi oficina y apreciar el ajetreo de la ciudad visto entre las hoja irregulares de mi Tamarindo bonsái –¡El dedo del diablo ha pasado por acá! ¡Siempre hemos sido un pueblo maldito monsieur Rojas…un pueblo maldito!- me habló mi guía con su español afrancesado, le pregunté a Antoine cuanto faltaba para llegar a nuestro destino y el motivo real de mi viaje, falta poco, no se preocupe, los zombis son torpes así que deben seguir caminando por la zona todavía, me respondió con naturalidad.

Tan sólo escuchar la palabra zombi me hacía sentir ligeramente estúpido e incrédulo, la misma sensación que tuve cuando un brigadista (que resulto ser fanático de mis reportajes paranormales), me envió una carta narrando su experiencia en Haití, en el sobre iba adjunta una fotografía de un hombre anciano vestido con ropas raídas, tenía la pupila de los ojos blanqueada como si hubiese sido quemada con ácido, y sostenía una piedra que pesaría el triple de su contextura, el chico me aseguraba por su vida que era un zombi, y que en Puerto Príncipe vagan por las calles a cualquier hora del día.

La analicé con cuidado parar evitar irme de boca y escribir cualquier sandez sobre el asunto, y aunque la imagen era bastante convincente, no podía arriesgar mi credibilidad a pocos meses para el lanzamiento de mi libro “Enigmas modernos”, además el mundo estaba muy sensible con el tema de Haití como para que llegara un periodista tildado de sensacionalista a escribir sobre algo tan tétrico. No obstante, el asunto del zombi era tan delicado como llamativo.

Antes de escribir una palabra investigué y me hundí en un meollo de teorías que afirman y niegan la posible existencia de zombis, lo que si era cierto es que los Haitianos se toman el tema en serio, a tal punto, que muchas veces antes de enterrar a sus muertos les inyectan sal en la sangre o los decapitan para que los bokores, brujos diabólicos del vudú, no los esclavicen como zombis. También hay teorías que deniegan el asunto y dicen que se usa el veneno de un pez llamado Peje Sapo, que causa una especie de catalepsia en los individuos, los cuales una vez que son velados y enterrados al creerse muertos, suelen despertar al cabo de días gracias a los supuestos poderes de los brujos vudú, que luego los dominan usando diversas drogas para hacerle creer a la gente tal patraña. ¡Era obvio pensar que en la cuna del vudú la gente está más pendiente de alimentar el estomago que el conocimiento!

Otras lecturas por la red me llevaron al caso de Clervius Narcise, según el mismo contaba, estuvo enterrado por dos días, y luego una voz le dijo ¡Levántate!, cuando salió de la tumba le amarraron los brazos con cuerdas y lo pusieron a trabajar en una plantación. Los informes habían certificado su muerte el tres de mayo de 1962 en el hospital Albert Schwitzer, otras de las tantas edificaciones que el terremoto convirtió en un rumor lejano del viejo y decadente Puerto Príncipe.

Tras contarle el asunto de la fotografía a mi editor, éste me convenció de que me arriesgara a realizar el viaje, dijo que no tendría nada que perder, si llegaba a Venezuela con un vídeo y una foto de un zombi ganaría lectores y aplastaría detractores, además era un material útil para la promoción del libro, también dijo que la experiencia no sólo me llenaría la mente de ideas sino que me endurecería el carácter, ¡Aún no se que quiso decir con eso!, pero en vista que el mismo se ofreció a patrocinar mi pequeña búsqueda me había quedado sin opciones ni argumentos.

Los matices del cielo se fueron opacando hasta timbrarse de un tono cenizo, Antoine bajó tanto la marcha del automóvil que podía escuchar como los cauchos machacaban las piedras. Nos adentramos por una senda escabrosa que flanqueaba un sembradío marchito, a unos setenta metros de distancia había un grupo de hombres vestidos en harapos, caminaban dando bandazos como un animales de arado, se movían con ademanes mecánicos y hablaban con voz nasal, entre la multitud había un hombre colocando varias calaveras alrededor de una cruz que había sido vestida con un saco negro y un sombrero de copa negro, también le amarraron una barba artificial.

¡Baje la cabeza monsieur Rojas, están allá, tomé sus fotos y grabe su video rápido para irnos de aquí!

-Antoine ¿No me vas a decir que estás asustado?-

-Esto no pinta bien-

-¿Pero que es lo que pasa allá?

-Parece que hay un bokor entre los zombis…está haciendo un ritual para el barón Samedi, seguro quiere esclavos-

-¿Barón que coño?-

- Samedi, un dios vudú de la muerte-

-Tenemos que acercarnos-

- Son fuerzas malignas que usted no imagina, ni se le ocurra-

Los minutos oscurecieron el cielo cenizo y la plantación fue envuelta por la noche, el disparador de mi cámara sonaba como metralleta, le di la handicam a Antoine para que grabara el ritual mientras yo tomaba las fotos. Uno de los supuestos zombis que estaba mirando la cámara de frente comenzó a caminar en nuestra dirección, luego lo siguieron dos más ¡ El bokor… El bokor, nos vio el bokor!, dijo Antoine con su mirada nerviosa puesta en la pantallita de LCD, ¡Nos va a maldecir!, yo tenía tanto pánico como ganas de fotografiar los ojos blanqueados del zombi que no se inmutaban por el flash.

Sus manos mugrientas de barro seco comenzaron a rozar la carrocería deslucida de la camioneta, los gritos nasales se encajonaron en la cabina como alaridos en un matadero industrial, ya me había resignado a ser víctima de la aventura más bizarra que podría vivir hasta que comenzó otra réplica del terremoto; y los zombis furibundos decidieron seguir de largo como si tuvieran cosas más importantes que hacer, el bokor se esfumó entre la maleza dejando atrás los materiales y los conjuros maliciosos que usó para invocar al Barón Samedi.

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10 comentarios

  1. julio mccausland dice:

    la existencia de los zombies no es una fantasia pero si le escindimos la parte ritual/magica q es muy comun en la cultura ahitiana nos topamos con una sustancia : la tetratoxina extraida del pez globo o sapo q tiene la propiedad farmacologica de actuar sobre ciertos centros nerviosos del cerebro q reducen a su minima expresion las funciones vitales y producen un estado q imita la muerte ……pero todo ello es posible explicarlo cientificamente ….de hecho existen trabajos bien documentados de toxicologos serios q han realizado estudios al respecto

  2. Ma Elena dice:

    Mmmm me suena familiar… ya este tema lo habíamos conversado jajajaja… Ingenuidad??? tal vez!!!! 
    No imaginé que abordarías el tema así… Muy creativo. Excelente narrativa y desarrollo de los hechos, investigaste muchos puntos interesantes!!!

  3. Estefania dice:

    Son muchas las cosas que pasan por mi mente ahora!! Jajaja me hace gracia. Hecho d q puedan haber zombies en haiti.. Me da curiosidad!!

  4. Amilcar dice:

    Fer, ya me extrañaba que no habías aparecido por ahí o por el twitter. Pues gracias por tomarte el tiempo de dejar un comentario tan enriquecedor, el tema en cuestión puede tener tanta ramas como una samán centenario. En cuanto al final, como he visto que han dicho vario de ustedes, pareciera que el relato se quedó sin gasolina, y pues es bien sabido que los cuentos son como una pelea de boxeo que se gana por knock out, no obstante, en realidad el peso de éste cuento no lo tiene el final, lo tiene el argumento, interprenten el background.

  5. Fernando dice:

    Amilcar, gracias de nuevo por tu trabajo, constructor de textos. Volvemos de nuevo a las orillas de la racionalidad, ¿eh? Me gustaría saber si se puede arriesgar más en este tema, si los supervivientes con miradas rebotando en el suelo tiene que ver con los no supervivientes con miradas taladrando a los extraños.

    Coincido en que el final podría habernos dado más pistas, pero bueno, se que ahora debo dejar la PC y trazar en tu relato mis propios rumbos…

  6. Maja dice:

    Pues sabes, siempre me he quejado de que hay temas que no logro entender del todo y siempre los autores de dichas “explicaciones” me lo hacen ver mucho mas difícil de comprender y termino por abandonar el tema y dedicarme a entender otros enigmas, pero este en especial, que no manejo en lo absoluto pues me pareció facil de entender y lo contaste con tanta fluidez que pareciera que estuvieses muy compenetrado con el “mundo” del que hablas… Y me parece muy atractivo el hecho de encontrar zombis en Haití.

  7. Rick dice:

    Sabía que opacarías mi comentario con tu buena narrativa, jajaja.

    Abrazo.

  8. Amilcar dice:

    Jajajaja gracias Rick!.. recuerda que no soy un súper escritor!, dígamos que letra a letra hago palabras, luego oraciones, y luego las uno para hacer una idea, luego idea + idea crean una idea global común. Más bien soy como un constructor de textos!

    Maja: Me aegro que te haya gustado, y te haya parecido fluído, dígamos que el tema me pareció curioso, y por eso lo escribí!

  9. Rick dice:

    Está bueno el cuento, pero no es el mejor!! Lo tuyo son los finales y el transcurso de los hechos! Este final no me convenció mucho, pero se aprecia igual que todas tus obras.

    Saludos.

  10. Maja dice:

    Pues no imaginaba nada de esto, estoy muy alejada de los conocimientos sobre zombis y ese tipo de rituales aunque los imagino a la perfección, de todas maneras sembraste la intriga y debo investigar sobre eso… Está muy bueno… muy fluido. Me gusta!

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