
Amílcar Lusinchi tiene distintas facetas, el escritor solitario que sólo se deja ver por la computadora en su rincón favorito de creación; el interlocutor inteligente que puede abordar temas tan lejanos entre sí como la recesión económica global y la banalidad que rodea la fama de Paris Hilton; aquel investigador serio que ha comenzado a abrirse paso en un sociedad donde vale más colgar cuentos del acontecer diario, y no literatura de calidad que enriquezca a un mundo condenado a sufrir en la oscuridad de la decadencia.
Su título de periodista es sólo un recordatorio más de su gran pluma, tan diversa y ligera que se pasea por temas delicados que otros prefieren obviar, como el jardinero que sabe que raíz cortar a su bonsái, con una naturalidad casi envidiable que sólo dan los años de experiencia o un talento innegable, en este caso… un poco de ambas.
Experimenta, acierta y falla ensayando sus palabras para perfeccionar una técnica poco convencional, que plasma una parte de su ser con cada una de sus publicaciones, en donde la investigación y la convicción se ocultan en el manto de cada historia hilvanando con sutileza lo real y lo fantástico del mundo actual.
Surreal como su ídolo Dalí, odiaría encasillarse en un único tipo de corriente. Sus libros, fieles compañeros y casi amantes despiertan en él sensaciones que le hacen crecer como autor y como persona. No hay textos favoritos (o sólo los mantiene en secreto), y como todo buen artista, ha pasado por distintas etapas donde su prosa se ha hecho más dura y su pluma ha dejado ver la realidad en distintas partes del mundo sin emitir opiniones. Tal vez su lectura apasiona e interesa por esa razón, porque sus relatos hablan por si solos, y dejan en la mirada de quien los lee un concepto único y personal del tema en cuestión.
Esa es la esencia de Semeruco, el renacer de historias que cuestionan la realidad sin penetrar el territorio de lo fantástico, las cuales muy probablemente comenzaron en las últimas páginas de un viejo cuaderno que hoy se empolva closet de su hogar.
María Auxiliadora Sánchez
